[ANÁLISIS] Mirror’s Edge Catalyst

Es algo común hacer uso del dicho “segundas partes nunca fueron buenas” pero, por desgracia, es algo que se repite más de lo que nos gustaría en cine, literatura, música y videojuegos. Esto no quiere decir que sea una norma, pero cuando la obra inicial es asombrosamente buena u original es complicado realizar una secuela -o precuela- a la altura de la misma, a pesar de que pongamos toda la carne en el asador para ello.

Mirror’s Edge fue lanzado en 2008 por EA DICE, casi podría decirse que inauguró para muchos la generación, aunque realmente lo que hizo fue reforzarla y justificar la compra de un sistema para poder jugar a algo realmente nuevo y sorprendente. Fue un verdadero soplo de aire fresco, un alarde de originalidad que, por desgracia, pasó algo desapercibido en cuanto a ventas, no así en cuanto a crítica, en la cual prensa y público coincidieron al unísono. A pesar de que se podía encontrar, al poco de su lanzamiento, tirado de precio en los cajones de segunda mano de determinadas tiendas de videojuegos, Mirror’s Edge se convirtió por méritos propios en una leyenda y título de culto que casi todo el mundo recuerda con muy buenos ojos.

Sin embargo, lo que primaba en la obra de EA DICE no era precisamente la historia sino la jugabilidad. Una suerte de videojuego en primera persona con toques plataformeros haciendo ‘parkour’ a través de las azoteas de una gran ciudad que recordaba irremediablemente a la maravillosa Tokio. Amén de la jugabilidad, su gran punto fuerte, el juego también estaba perfectamente ambientado -una distopía preciosa-, lo cual le otorgó muchísimos enteros e hizo de Mirror’s Edge una obra única y particular.

A pesar de que no fue un superventas, todo el mundo clamaba, a saber por qué, por un nuevo Mirror’s Edge que continuase las aventuras de Faith o de cualquier otro ‘runner’. Básicamente lo que el público quería era más ‘parkour’ de calidad en las azoteas de una gran ciudad. Así pues, durante el E3 de 2013 se anunciaría un nuevo Mirror’s Edge desarrollado de nuevo por EA DICE, pero no sería hasta mediados de 2016, ocho años después del original, cuando Catalyst viese la luz y, con ello, un aluvión de críticas, en parte, inmerecidas.

Gráficamente supone un paso adelante respecto al anterior a todos los efectos. Lo primero porque estamos ante una nueva generación de consolas y eso se nota en el juego, a pesar de no ser perfecto. Lo segundo porque cambia por completo el concepto lineal del primero a favor de un mundo abierto -qué sorpresa ¿eh?- con todo lo que ello implica a nivel técnico y artístico. Y lo tercero porque desde EA DICE han sabido mantener la esencia y la ambientación de Mirror’s Edge llevándola, incluso, un poco más allá.

Como comentaba, el salto técnico es más que evidente pero, quizá, no está a la altura de lo esperado en Xbox One o PS4 -hablando siempre de las consolas “normales” y no sus modelos vitaminados-. Esto se debe a que algunas texturas no están a la altura de lo que se esperaría, que existen algún que otro “diente de sierra” en ambas versiones -One y PS4- y que la reutilización del ‘atrezzo’ es muy evidente, aunque esto es algo que ya ocurría en el primero. Pero no todo iba a ser malo, los interiores están más trabajados en Catalyst, los movimientos de Faith son mucho más naturales y se sigue manteniendo la excelencia de diseño del original.

Y nos podemos equivocar si consideramos que la protagonista absoluta de Mirror’s Edge Catalyst es Faith, porque no lo es al cien por cien. La gran protagonista es la ciudad de Glass; una revisión maravillosa de lo que bien podría ser una Tokio en un futuro cercano -a efectos estéticos- en la que la sobrepoblación ha afectado a la propia arquitectura de la ciudad, dejándola sin alma para muchos, pero convirtiéndose en una apetecible distopía para otros.

Quizá uno de los apartados más potentes de todo Catalyst sea el de la ambientación, ya que sin ella Mirror’s Edge no sería lo que fue y lo que actualmente es: es su seña de identidad. Aunque habría que ahondar en el primer juego para obtener las referencias de las que bebe la obra de EA DICE, no está de más nombrarlas de nuevo pues, muchas de ellas, son tremendamente potentes. Obras como Akira (Katsuhiro Otomo, 1982), Ghost in the Shell (Masamune Shirow, 1989), Animatrix (AAVV, 2003) o Blade Runner (Ridley Scott, 1982), influyen decisivamente en la concepción de la ambientación del juego, que se nos presenta en un futuro no muy lejano y no muy improbable, sobre todo en las grandes urbes orientales como Hong Kong, Shangai, Seoul o Tokio. Así pues, la representación de la inconmensurable ciudad de Glass, con todo lo que ello conlleva, es un auténtico ejercicio de la mejor ciencia ficción distópica y cercana que podamos echarnos a la cara. Todo siempre desde las alturas, por las azoteas de Glass, ya que en raras ocasiones pisaremos el suelo de la ciudad -que por suerte está bien representado con tráfico de vehículos y personas-.

El modelado de los personajes, por su parte también está a muy buen nivel, sobre todo en el caso de los protagonistas. Hablamos de personajes que convencen por su naturalidad, pero que no quedarán grabados en nuestras memorias por su originalidad; la mayoría son gente normal, común y corriente, sin extravagancias. Los enemigos sí que se repiten bastante, pero esto es más una decisión que compete a la jugabilidad que al apartado técnico-artístico.

Por otra parte, los efectos convencen, aunque no son muy comunes dada la naturaleza jugable del juego; salvo los efectos lumínicos, que son otros de los grandes protagonistas de Catalyst, ya que impregnan de pulcra luz a la ciudad de Glass y, además, también de amaneceres y atardeceres, así como momentos nocturnos, ya que el juego incorpora un ciclo de noche y día.

A nivel sonoro nos encontramos ante un título que raya a gran nivel en todos sus aspectos. En primer lugar, cabe destacar que Catalyst se encuentra totalmente localizado la castellano, contando además con un doblaje muy digno que, para muchos, no ha conseguido dotar de vida a los personajes pero que, sin embargo, es mucho más potente que el de otras producciones mucho mayores y mejor consideradas por el tándem prensa-público.

Por otro lado, los efectos de sonido así como los ambientales -el viento, por ejemplo- son absolutamente sobresalientes y nos dan la sensación de estar recorriendo las azoteas de una gran urbe plagada de rascacielos. Y, por último, merece especial mención la banda sonora compuesta por el artista sueco Solar Fields, que cuenta con una buena pieza de melodías electrónicas tremendamente limpias, muy en la línea de la ambientación del juego y del primer Mirror’s Edge.

La jugabilidad es el verdadero plato fuerte de Catalyst, por mucho que se hayan empeñado en criticarla, pero supone una mejora muy evidente respecto al anterior título, lo cual ya es decir, pues el primer Mirror’s Edge ya gozaba de un apartado jugable increíble. La libertad que nos ofrece la ciudad de Glass está más que justificada en este caso pues, a veces, y con esta tendencia a hacer de todo juegos de mundo abierto, no siempre un mapa extenso y accesible hacen bien a un juego, y ejemplos tenemos a puñados. Sin embargo, con Catalyst se ha acertado a la hora de “abrir” el mapa al jugador y ofrecernos completa libertad de movimiento a través de las azoteas e interiores de la futurista urbe.

Pero no sólo se ha mejorado, considerablemente, la libertad de movimiento sino que también se ha mejorado el movimiento en sí. Es decir, si ya el manejo de Faith en el anterior juego era bastante fluido e intuitivo, en Catalyst esto es algo que alcanza una excelencia difícil de ver en el mundo de los videojuegos a día de hoy. Puede parecer, sin embargo, que el título se ha vuelto más sencillo de cara al usuario más experimentado, pero no es exactamente así, sino que se ha vuelto más consecuente consigo mismo; si Faith es una ‘runner’ experimentada, sería absurdo que sus movimientos fuesen torpes, toscos e imprecisos. Por lo tanto, el movimiento de Faith será más fluido y sencillo, sobre todo a la hora de realizar determinadas acciones que requieran cierta pericia; pero que nadie se alarme, errar también es relativamente fácil y Catalyst no es precisamente un paseo por las azoteas de Glass, simplemente el control se ha hecho bastante más adecuado a todo tipo de usuarios.

Gracias a la libertad que nos ofrece el escenario, podremos escoger la ruta que queramos, algunas más largas e interesantes y otras más inmediatas. Pero el juego siempre nos intentará guiar por la ruta más rápida y eficiente para nuestros intereses, pues en Catalyst el tiempo es algo que, normalmente, es tremendamente valioso. Para ello, al igual que en el primero, se nos irán mostrando una serie de “chivatos” o pistas en el escenario, muy bien implementadas con el apartado artístico, y que no romperán en ningún momento la experiencia ni la inmersión.

Al margen de las misiones principales, que serían las de la trama del juego, existen también un buen número de misiones secundarias y retos -tales como carreras y demás- que aumentan la experiencia y la duración de Catalyst. Aunque es cierto que muchas de ellas, sobre todo las carreras, no están demasiado inspiradas.

Por último, es preciso comentar el tema del combate, que ha sido muy criticado más por parte de la prensa que del público. Es cierto que se ha simplificado al mínimo el combate que pudimos apreciar en el primer Mirror’s Edge pero, a su vez, también se ha vuelto bastante más común durante toda la aventura. Lucharemos más pero de forma más simple y siempre cuerpo a cuerpo; el uso de las armas de fuego se ha eliminado en esta entrega, aunque tampoco es que en el anterior fuese un referente. Pero sí es cierto que dicho combate, cuerpo a cuerpo en este caso, se encuentra poco inspirado y resulta bastante tedioso en la mayoría de los casos.

Al respecto de la historia, que ha sido otro de los aspectos más criticados de Catalyst, la acción se sitúa, por lo que parece, antes del primer Mirror’s Edge, siendo Catalyst una especie de precuela del mismo, aunque es algo que no queda del todo claro. Entrando en materia, nos situamos en un futuro distópico en el que una gran corporación llamada Kruger Holding, la más potente de un conglomerado de corporaciones, controla prácticamente todos los aspectos de la vida de los ciudadanos de la nación de Cascadia, cuya capital es la ciudad de Glass, en la que se sitúa la acción. En esta sociedad, los ciudadanos se dividen en castas, las cuales van acompañadas de determinados privilegios o no, siendo un sistema socioeconómico injusto y opresor para las castas más bajas.

Sin embargo, los ‘runners’, una especie de mensajeros a pie, se encargan de luchar contra este sistema mediante el mercadeo de información física, puesto que todo lo digital está controlado por estas potentes corporaciones, las cuales también controlan la seguridad de la ciudad. Aunque estos grupos de ‘runners’ intentan, ante todo, mantenerse al margen de asuntos “políticos”, funcionando más como mensajeros.

Nuestra protagonista, Faith, por su parte, está completamente convencida de que hay que luchar contra el conglomerado de corporaciones encabezadas por Kruger. Sin embargo, su líder y mentor Noah intenta, ante todo, disuadirla de encabezar una lucha sin futuro -debido al enorme poder de dichas corporaciones- limitándose a realizar su trabajo de ‘runner’. Pero, para Faith, todo esto es también algo personal, aparte de político.

La historia, a priori, parece interesante y lo cierto es que, aunque está vista mil veces, lo es. Sin embargo, sí que es cierto que no se hace especial hincapié en los personajes -salvo en Faith- y sus trasfondos, así como que no cuenta con un hilo conductor especialmente consistente como para que nos envuelva y queramos saber más sobre Faith, Kruger o la ciudad de Glass. De hecho, todo lo comentado anteriormente de castas y demás es algo que tendremos que deducir casi por nosotros mismos, porque el juego en ningún momento se preocupa de introducirnos en el universo de Mirror’s Edge Catalyst.

En definitiva, Catalyst cuenta con muchas virtudes pero, por otro lado, también parece dejar de lado otros aspectos igualmente importantes en el desarrollo de un videojuego. Impecable a nivel artístico, sonoro y jugable, alberga fallas en su trama y su apartado técnico, restándole personalidad de forma irremediable. Aún así, es una más que digna “precuela” del ya mítico Mirror’s Edge.

NOTA: 7/10.

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[COMPRA] Julio 2017; nutriendo Xbox One, PS4 y Wii U

He tomado una dura decisión por espacio, tiempo y dinero, y es que voy a ir deshaciéndome paulatinamente de todos aquellos videojuegos, sean de la generación y plataforma que sean, que ya haya jugado y no me hayan resultado gran cosa; es decir, aquellos que seguro no vaya a rejugar nunca o que simplemente ocupan espacio en la estantería. Esto me va a dar la posibilidad de invertir el dinero que saque con las ventas en  otros juegos que quiero jugar y, por qué no, en ahorrar algo de pasta también, que nunca viene mal, y más si uno está actualmente sin curro.

El pasado mes de julio ha sido un mes un tanto escueto y creo que a partir de ahora será lo más normal: dos o tres juegos no muy caros o algún lanzamiento ineludible. En este caso, ha habido dos regalazos que estoy deseando jugar, pues llevaba mucho tiempo detrás de ellos. El primero es ReCore para Xbox One, del que todo el mundo ha hablado y  pocos han jugado; me llama la atención principalmente por su ambientación, y también por el concepto tan clásico que tiene al fin y al cabo. El segundo es la Primera Temporada de Hitman para PS4 en steelbook, preciosa edición por cierto. Otro de esos juegos que deseaba tener y que por precio siempre me dio reparo comprar. Creo que será de los próximos en ser jugado, aunque antes puede que me ponga con Horizon: Zero Dawn o Final Fantasy XV.

Pero bueno, también he tenido que rascarme un poco el bolsillo ya que, por desgracia, no todo van a ser regalos. Los juegos que he comprado este pasado mes han sido Mirror’s Edge: Catalyst para Xbox One por 9,11€ con envío incluido en Amazon UK. Y Fast Racing Neo para Wii U, nuevo, por 21,69€ con envío incluido en Amazon España. Son también juegos a los que les tenía bastantes ganas. Soy consciente de las críticas que ha tenido Catalyst, pero por ese precio no me arriesgaba demasiado. Respecto a Fast Racing Neo, me llamó la atención desde que salió en la store digital de Wii U y en físico no podía dejarlo pasar. No he podido encontrarlo más barato salvo a posteriori, en GAME a 14,95€ pero de segunda mano.

Y bueno, hasta aquí las compras de julio de este 2017. Todavía queda verano por delante, así que ¡a disfrutarlo en la playa, en la montaña o en casa jugando!

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