Assassin’s Creed y su compromiso con la Historia

Los videojuegos, desde sus más humildes inicios, siempre han intentado, en la medida de lo posible, contarnos historias. Historias del tipo que sean; dramas románticos, aventuras de acción o espionaje, adaptaciones cinematográficas, literarias o mitológicas… y, por supuesto, reinterpretaciones históricas de todo tipo. Y es que la Historia, con mayúsculas, es tan rica e interesante que no hace falta, en muchos casos, dejar volar la imaginación pues en ella se encuentran insertas las mejores historias, con minúscula, que podamos pensar.

No han sido pocos aquellos videojuegos que nos han hecho recorrer desde la Prehistoria hasta los actuales conflictos en Oriente Medio la evolución del homo sapiens a lo largo de su historia. Es cierto que la mayoría de ellos lo han hecho en clave bélica porque, nos guste o no, la Historia se ha escrito -y se escribe- con sangre y es, quizá, la vía más sencilla para contarnos algunos de los pasajes más importantes de toda nuestra Historia. Pero también los hay que no, abogando por otros conceptos diferentes para hacernos partícipes de la evolución de la humanidad.

Bien entendidos y bien seleccionados, algunos de estos videojuegos son una herramienta didáctica muy potente tanto para docentes como para historiadores. Títulos como Age of Empires (Ensemble Studios, 1997), Imperivm (Haemimont Games, 2002), Hearts of Iron (Paradox, 2002) o la saga Total War (The Creative Assembly, 2000-2015) trascienden en su concepto inicial de videojuego, pues se convierten, como ya he dicho, en un potente recurso que va más allá del entretenimiento y pasa a ser una herramienta para la enseñanza.

El carnaval de Venecia en Assassin’s Creed II.

Evidentemente, como todo, hay que saber cómo usarlos y estudiarlos detenidamente pues no son perfectos -algunos casi- y podemos lograr, en ocasiones, todo lo contrario a lo que pretendemos. Es precisamente el caso que hoy quiero tratar, el de Assassin’s Creed, la ya mítica saga creada por la compañía francesa Ubisoft en 2007 y que, tras tan sólo dos generaciones, se ha asentado ya entre nosotros convirtiéndose en un clásico contemporáneo.

Dejando de lado todo lo que rodea al Animus y Abstergo -que incluso genera rechazo entre los seguidores de la franquicia- absolutamente todos los Assassin’s Creed hasta la fecha están ambientados en períodos históricos y culturales sumamente importantes. Todo comienza con el primero de ellos, la auténtica revolución que llegó en 2007 a PCs y consolas que, prácticamente, inauguraba la generación tanto a nivel técnico como jugable. Este primer título de la saga nos proponía ser partícipes de la época de la Tercera Cruzada (1187-1191) a través de los ojos de un nizarí, hashshashin o, simplemente, asesino. Los nizaríes fueron una secta religiosa musulmana que estuvo activa entre los siglos X y XIII. Al margen de sus convicciones político-religiosas, esta secta de asesinos se encargaba principalmente de ejecutar asesinatos de dirigentes políticos y militares. Y es precisamente todo este contexto lo que sirve como pretexto para la base jugable y la trama de Assassin’s Creed.

Masyaf (Siria).

El título nos hace recorrer algunos de los escenarios más importantes de finales del siglo XII en Oriente Medio. Así pues, bajo el credo que profesa Altaïr Ibn-La’Ahad recorreremos San Juan de Acre, Damasco, Masyaf y Jerusalén en nuestro objetivo de asesinar a determinados líderes templarios.

  • Existirían dos versiones menores ambientadas en el mismo marco cronológico. La primera sería Assassin’s Creed: Altair’s Chronicles lanzada en Nintendo DS en 2008. Asassin’s Creed: Bloodlines saldría al mercado en 2009 para PSP. En ambas Altaïr sigue siendo el protagonista, aunque los escenarios cambian a Chipre, Tiro y Alepo.

Assassin’s Creed II realiza una evolución histórica natural y avanza cronológicamente hasta llegar al Renacimiento en Italia. Un escenario privilegiado para dar un giro a la incipiente saga tras haber escuchado las quejas de los seguidores; nuevo escenario, nuevo personaje, nueva época y, casi, nuevo concepto.

Si con el primer juego Ubisoft realizó un importantísimo trabajo de documentación histórica, cultural y arquitectónica, con Assassin’s Creed II esto llega a unos estándares casi enfermizos que crea, a su vez, un precedente en la propia saga y en el mundo del videojuego. El argumento evoluciona, los personajes también y todo en Assassin’s Creed II es consecuente con el período histórico-artístico que pretende plasmar.

Leonardo Da Vinci en Assassin’s Creed: La Hermandad.

Es cierto que se hace uso de determinadas licencias -Leonardo Da Vinci, por ejemplo- pero el cómputo general del juego es muy satisfactorio y nos brinda la posibilidad de ser protagonistas del Renacimiento italiano en ciudades con Florencia o Venecia. Sus siguientes secuelas Assassin’s Creed: La Hermandad y Assassin’s Creed: Revelations intentan rizar el rizo, sobre todo en cuanto a la representación de ciudades como Roma o Constantinopla, pero no llegan en ningún caso al nivel de excelencia documental de Assassin’s Creed II, que supone un auténtico tratado interactivo sobre el Renacimiento.

  • En 2009, aprovechando el lanzamiento de su “hermano mayor”, fue lanzado Assassin’s Creed II: Discovery en Nintendo DS. En él también emularíamos a Ezio Auditore, aunque esta vez en España, coincidiendo con la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos (1489).

Assassin’s Creed III, lanzado en 2012, sigue avanzando cronológicamente hasta llegar al siglo XVIII haciendo protagonista del juego a la Guerra de independencia de EEUU (1775-1783). A nivel técnico y jugable supone un salto importante dentro de la saga, con escenarios naturales muy extensos que anteriormente no se habían visto. Sin embargo, su personaje principal -Connor Kenway, un mestizo- y la trama no estuvieron a la altura de lo esperado tras la trilogía de Ezio en el Renacimiento.

La ciudad de Boston en el marco de la Guerra de independencia estadounidense.

La Guerra de independencia de Estados Unidos es un tema bastante interesante dentro del cine o la literatura, pero en Assassin’s Creed III pasa un poco desapercibida a pesar de ser la línea argumental principal y contar con un buen elenco de personajes históricos como George Washington o Benjamin Franklin. Participaremos en eventos tan importantes como el Motín del te de Boston (1773) o las batallas de Lexington y Concord (1775).

  • Assassin’s Creed III: Liberation nos proponía manejar, por primera vez, a un personaje femenino en la saga Assassin’s Creed. Estaría ambientado en Nueva Orleans durante la Guerra franco-india (1754-1763) a mediados del siglo XVIII.

Con Assassin’s Creed IV: Black Flag se retrocede en el tiempo para intentar explicar un poco más y mejor la trayectoria de los asesinos en el continente americano y los orígenes de Connor Kenway. Para ello, Ubisoft opta por llevarnos a comienzos del siglo XVIII, a los últimos coletazos de la denominada Edad de oro de la piratería (1650-1730).

La Catedral de La Habana en Assassin’s Creed IV: Black Flag.

Black Flag es, quizá, el Assassin’s Creed menos potente de todos a nivel histórico a pesar de que cuenta con buenas representaciones del Caribe de la época, con mención especial a las ciudades de La Habana, Nasáu o Kingston. Pero en esta cuarta entrega numerada no seremos partícipes de grandes acontecimientos como los anteriores, contando únicamente con una gran ambientación y una buena documentación acerca de los grandes piratas de la época -los cuales también son parte activa en la aventura principal-.

  • A la misma vez fue lanzado en PS3 y Xbox 360 un título alternativo incluso más interesante que Black Flag llamado Assassin’s Creed: Rogue. En él nos poníamos al mando de un navío templario durante la época de la Guerra de los Siete Años (1756-1763).

El salto de generación de la saga supuso una verdadera revolución incluso en su ambientación. Assassin’s Creed: Unity estrenaba motor, exclusividad y época. Una vez más, Ubisoft escuchó a su público, el cual clamaba por un Assassin’s Creed ambientado en el Antiguo Egipto, el Japón Feudal o la Revolución Francesa. Y es que, siendo sinceros, el mundo del videojuego le debía a este hito histórico un título a la altura.

¡Viva la revolución!

Encarnando a Arno Dorian nos moveremos por el París de finales del XVIII junto a personajes tan destacados como Napoleón Bonaparte, Thomas Alexandre Dumas o Maximilien Robespierre. Seremos, pues, testigos de todos los tejemanejes de la Revolución Francesa, viviendo los momentos más notables de ésta en una recreación de París sobresaliente. Lástima que la trama principal de Arno no esté a la altura y que el título saliese tan lastrado de ‘bugs’ que no pudiese jugarse, de forma efectiva, hasta dos meses más tarde de su lanzamiento.

En 2015, y sin dar un respiro más que solicitado a la saga, Ubisoft lanzaba Assassin’s Creed: Syndicate, ambientado en el Londres de la Revolución Industrial a mediados del siglo XIX. Se seguiría así, una vez más, un cierto orden cronológico en la saga, y el juego destacaría, sobre todo, por su gran representación de ese Londres industrial que hemos visto en libros como Oliver Twist o películas como My Fair Lady.

El cielo de Londres se tiñe de una nube negra de “progreso” en Assassin’s Creed: Syndicate.

Aunque tanto a nivel argumental como jugable Syndicate no supuso demasiado dentro del universo Assassin’s Creed, siendo más un título de transición, sí que fue un auténtico acierto en cuanto a la ambientación del mismo. Es cierto que este Londres de mediados o finales del XIX lo hemos visto en otros videojuegos -los de Sherlock Holmes sin irnos muy lejos-, pero es en Syndicate donde se nos muestra la crudeza y desigualdad de una época de cambios tecnológicos y sociales. Junto a los hermanos Frye aparecerá un interesante elenco de personajes históricos de la época tales como Karl Marx, Charles Darwin, Winston Churchill o Graham Bell.

  • Entre 2015 y 2016 se lanzarían al mercado tres episodios menores, llamados Assassin’s Creed: Chronicles, ambientados en China en el siglo XVI, India en el siglo XIX y Rusia en el XX. Con un concepto completamente diferente a lo visto, estos tres episodios no tenían nada que envidiar a sus hermanos mayores, sobre todo en cuanto a documentación histórica.

Tras muchas peticiones, documentación y trabajo, en 2017 llegaría el mayor cambio que ha sufrido la franquicia en toda su corta historia. Assassin’s Creed: Origins no solo supone una vuelta de tuerca de 180º a la saga a nivel jugable y técnico sino que es una auténtica declaración de intenciones por parte de Ubisoft al respecto de su potente equipo de documentación histórica.

El Nilo, la ciudad de Menfis y las pirámides de Guiza al fondo.

El Egipto del siglo I a.C. es el mayor y mejor representado escenario de todos los Assassin’s Creed hasta la fecha. El grado de detalle y de rigurosidad arquitectónica o cultural llega a niveles casi enfermizos. La tiranía de las dinastías griegas en Egipto, el papel de Cleopatra y la llegada de los romanos son algunos de los momentos que viviremos en la piel del medjay Bayek de Siwa.

Este sería el punto final, por ahora, del recorrido histórico en el que Ubisoft nos ha invitado a participar desde el lanzamiento del primer Assassin’s Creed en 2007. A pesar de que gran parte de la información contenida, de una forma u otra, en los juegos es veraz y está contrastada, no podemos fiarnos al cien por cien de ella. Por ejemplo, los personajes históricos que aparecen en el juego, a pesar de contar con nombres reales y apariencia similar, no reflejan realmente el carácter ni la ambición de los mismos, siendo meras interpretaciones de los mismos por parte de Ubisoft.

Existen también determinados errores, motivados casi siempre por adaptar la Historia a la trama del juego, pero tenemos que ver la franquicia como un punto de partida esencial para acercar la Historia a aquellos que no se introducen por su propio pie en ella. Es el primer paso para muchos e incluso la motivación para otros para investigar acerca de determinados períodos que aparecen en los juegos.

Ubisoft ha adquirido un compromiso con la Historia gracias a su, por ahora, saga fetiche y, sinceramente, creo que no merece más que palabras de agradecimiento. Acercar la Historia y la cultura en estos tiempos, y más en este mundo del videojuego, es una tarea harto difícil, pero la compañía gala ha demostrado que las mejores historias están en la Historia.

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