[ANÁLISIS] LEGO: El Hobbit

Una película de las características de El Hobbit (Peter Jackson, 2012) bien merece su correspondiente adaptación al mundo del videojuego. La idea ya salió de perlas con El Señor de los Anillos, trilogía que nos dejó en esta industria un buen número de juegos más que notables; acción en tercera persona, aventuras, estrategia… la mayoría de ellos lanzados acordes a las películas, para aprovechar así el tirón comercial de las mismas.

El Hobbit ya contó con su correspondiente videojuego en 2003, desarrollado por Inevitable Entertainment y basado exclusivamente en el libro, ya que las películas de El Hobbit no saldrían hasta nueve años después. Sin embargo, ya entrados en 2012 no había ni rastro de juego oficial de la película. No sería hasta 2014, aprovechando el reciente estreno de La Desolación de Smaug (Peter Jackson, 2013) cuando Traveller’s Tales, responsables de los videojuegos de LEGO para todo tipo de plataformas, se animasen a lanzar al mercado su particular visión de las películas de Jackson.

Así pues, todos aquellos que disfrutamos con el libro de Tolkien o las películas no tuvimos otra que pasar por el aro de LEGO si queríamos rememorar la Tierra Media en nuestras pantallas. Y es que el juego de Traveller’s Tales refleja a la perfección lo visto en las películas aunque, eso sí, con el eterno e indiscutible sello de LEGO.

Gráficamente, en todas las plataformas para las que salió, el juego luce muy bien, pero evidencia sin remedio su carácter de título intergeneracional. Hay pocas diferencias más allá de la resolución, por poner un ejemplo, entre las versiones de PS3 o PS4. En mi caso, he jugado a la versión de Wii U por varios motivos, aunque el principal es aumentar mi pequeña colección sobre la penúltima sobremesa de Nintendo.

En general en todas las versiones que he podido comprobar el juego luce muy bien, aunque se le nota el peso de los años al concepto que lleva vendiéndonos Traveller’s Tales desde 2005. Es complicado crear una ambientación 100% efectiva con LEGO y eso se evidencia bastante en El Hobbit. Por ejemplo, la mezcla de paisajes “fotorrealistas” con elementos de LEGO, como plantas u objetos, resulta muy extraña. Es cierto que esto es algo que ocurre en otros juegos de la serie como Star Wars, Indiana Jones o Harry Potter.

El diseño de escenarios también se encuentra a muy buen nivel, fiel a la película y bastante extensos, aunque no se trata en ningún caso de un juego de mundo abierto. Los interiores también gozan de bastante detalle, en especial Bolsón Cerrado, done vive Bilbo, pero en general todos cumplen su cometido de sobra.

Los efectos son muy básicos, incluso aquellos en los que interviene la magia -de Gandalf, por ejemplo-. Al motor empleado comienzan a notársele los años y los límites, quizá sea el momento de que Traveller’s Tales de el salto con sus LEGO y ofrezca algo diferente. Además, los menús y su diseño -algo no muy importante, la verdad- ofrecen un aspecto tremendamente desfasado y poco acorde a los tiempos que corren.

A nivel sonoro estamos ante un título bastante potente, como cabría esperar. LEGO: El Hobbit hace uso de la banda sonora original de la película, compuesta por Howard Shore (El Silencio de los Corderos, Gangs of New York, El Señor de los Anillos), por lo que es evidente que a nivel musical nos encontramos un juego sobresaliente. Por su parte, los efectos de sonido propios del juego se encuentran a buen nivel, aunque el catálogo de los mismos es algo escueto. El resto de sonidos, propios de LEGO, se encuentra reciclados de anteriores entregas. Por último, LEGO: El Hobbit se encuentra completamente localizado al castellano, aunque en esta ocasión la mayoría de audios están cogidos de las películas, ya que los personajes no hablan ‘in-game’.

Introduciéndonos en el apartado jugable, hablamos de un título muy conservador para consigo mismo. Esto quiere decir que LEGO: El Hobbit no varía en casi nada la fórmula que hemos visto en LEGO anteriores tales como Indiana Jones o Piratas del Caribe. Esto se traduce en una aventura en tercera persona, con algún que otro toque de acción, en escenarios medianamente grandes -aunque no mundo abierto- y con la opción de construir determinados objetos predefinidos para avanzar en la historia.

El problema de este sistema, otrora original, es que se está agotando y todos los títulos de LEGO lo comparten, dejándose la personalidad por el camino -salvo LEGO: City Undercover-. Además, este tipo de juegos piden a gritos libertad para crear piezas o estructuras, sin llegar a ser LEGO Worlds (TT, 2017), pero tampoco algo tan básico como en el que hoy nos ocupa, donde todo aquello que queramos construir está predefinido y no tenemos libertad alguna a la hora de crear.

Otro aspecto de la jugabilidad que naufraga es el de los coleccionables. Aunque están pensados para alargar la experiencia y que no se quede en las 8 horas de duración media que tiene el título. El problema es que los coleccionables suelen ser tediosos, completar el 100% de un nivel más aún y desbloquear todos los personajes se llega a tornar absurdo. El estudio británico encargado de estos juegos, Traveller’s Tales, debe urgentemente renovar la fórmula de sus LEGO, que acusan demasiados achaques por la edad.

Pero no todo iba a ser malo, parece que quisiera dilapidar a LEGO: El Hobbit y para nada; he disfrutado mucho con el juego y a un precio bajo -que no sobrepase los 15 euros o dólares- es una opción más que efectiva para disfrutar de las aventuras de Bilbo y los enanos a través de la Tierra Media. De hecho, cada personaje tiene una serie de habilidades diferentes y necesarias para avanzar, por lo que alternar entre ellos será necesario, otorgándole al juego un relativo atractivo para adaptarnos al ‘gameplay’ de cada personaje. Además, su jugabilidad es muy fluida, rápidamente nos haremos a ella sin demasiado problema. Quizá su único fallo radique en que es un videojuego demasiado sencillo y no supone un reto para casi ningún tipo de jugador.

La historia sigue los acontecimientos de las dos primeras películas: Un viaje inesperado (2012) y La desolación de Smaug (2013), sin llegar a La batalla de los cinco ejércitos (2014), una decisión absurda que deja el juego literalmente a medias, más aún sabiendo que no ha tenido una segunda parte para disfrutar de los acontecimientos de la tercera película. Por lo demás, es bastante fiel a lo visto en las dos primeras películas, siempre con el inconfundible humor de LEGO, sello de la franquicia y que quita muchísimo hierro a determinadas situaciones. Además, el juego nos da la opción de explorar lugares que en las películas se ven únicamente de pasada, por lo que es una opción más que recomendable si queremos ampliar nuestra experiencia “Tolkien” entre libros, música, películas, merchandising o juegos.

Concluyendo, LEGO: El Hobbit no es un mal juego para nada y es la única opción que tenemos si queremos llevar más allá la experiencia de las dos primeras películas de El Hobbit. Tiene una calidad media notable, pero es esclavo de su propio concepto, el cual pide a gritos una renovación.

NOTA: 7,5/10.

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