[ANÁLISIS] Metal Gear Solid V: The Phantom Pain

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Un Metal Gear Solid no es algo que salga ni que se analice todos los días. Normalmente -y gracias a su fama honestamente granjeada- analizar un título de este calibre al poco de ser lanzado suele ir acompañado de una sensación algo viciada de la realidad, a todos nos ha ocurrido con cualquier videojuego al que le tuviésemos ganas o que nos sorprendió en sus primeras horas, es algo que la prensa y el público se empeña en llamar “hype”. Por diversos motivos no he tenido ocasión de analizar Metal Gear Solid V: The Phantom Pain en su momento, aunque hace meses que lo terminé es un juego que todavía tengo muy presente en mis peores pesadillas. Creo que analizarlo ahora, meses después de salir al mercado y ser jugado, me ha hecho tener una visión más objetiva del mismo.

La famosa saga iniciada por Hideo Kojima -gurú y semidios de la industria en la actualidad- en 1987 se ha estirado como un chicle intentando explotar al máximo la gallina de los huevos de oro, cosa lógica pues, normalmente, casi todos los Metal Gear hasta la fecha rebosan una calidad apabullante. Es una saga que ha acompañado a varias generaciones de videojugadores por lo que podemos asegurar, sin cogernos los dedos, que Metal Gear Solid forma parte de la Historia de los videojuegos, de hecho el videojuego moderno le debe mucho al concepto cinematográfico introducido por Hideo Kojima con Metal Gear.

Cuando se lanzó el polémico Metal Gear Solid V: Ground Zeroes, esa excelente demo de pago que tan mal sentó -con mucha razón- a buena parte del público, vimos como el concepto de la saga daba un giro de 360 grados hacia el mundo abierto -exigencias de un público inconsciente, pero poderoso caballero es Don Dinero-, este giro, sin embargo, le sentó bastante bien puesto que no se rompía de raíz el concepto de infiltración o sigilo que habían hecho tan grande a la saga.

Pero el público pedía más y más, un GTA con Big Boss o Solid Snake como protagonistas, sin más, eso es lo que pedían y Kojima lo hizo realidad -a medias-. Así pues, la expectación ante el lanzamiento de The Phantom Pain era enorme por diversos motivos: añadía el esperado mundo abierto a la saga, mucho más allá que en Ground Zeroes; Big Boss volvía a la escena, lo cual siempre es una grandísima noticia; el escenario se situaría en Afganistán y África durante la Guerra Fría, con una gran denuncia de fondo; y, a priori, se nos ofrecería una gran historia, como es costumbre, que pusiese punto y final a la saga, explicándolo todo, algo así como la 6ª temporada de Perdidos. Pero al igual que con este último ejemplo, la saga patina y descarrila, perdiendo por el camino su identidad y sin resolver gran cosa.

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Gráficamente estamos ante un título realmente impresionante, de hecho podríamos asegurar que este apartado es su carta de presentación junto con su sistema de mundo abierto, lo que hará las delicias de una gran parte de jugadores actualmente. Se ha hecho un grandísimo trabajo con el Fox Engine en cuanto a paisajística, puesto que la mayor parte del título transcurre en enormes parajes en los que la arquitectura brilla por su ausencia -salvo en la Mother Base-. El diseño y acabado de los personajes es muy alto, sobresaliente, con el “Big Boss” más detallado que hayamos podido ver hasta la fecha, los enemigos también rayan a un gran nivel y los modelos, aunque se repiten, son lo suficientemente variados como para no darnos la sensación de combatir contra un ejército de clones. Otros personajes del juego, como Quiet, Miller u Ocelot están tan detallados como “Big Boss” y, podemos asegurar sin problemas, que nos encontramos ante uno de los títulos más potentes del momento, tanto en PC como en consolas de nueva generación, incluso las versiones de PS3 y Xbox 360 se encuentran a un nivel sobresaliente.

Los efectos tales como disparos, explosiones y demás se encuentran también al nivel general de The Phantom Pain. Animales tales como nuestro caballo, el perro u otros animales salvajes se encuentran sumamente detallados igualmente por lo que no hay nada que desentone en exceso en el título. Los efectos climatológicos -tormentas de arena, lluvias…- son magníficos y nos invita a la inmersión total en el juego. En definitiva, el apartado técnico de Metal Gear Solid V: The Phantom Pain es sobresaliente a todas luces, pocos peros se le pueden sacar más allá del diseño de determinados enemigos, algo que es totalmente subjetivo.

¿Qué decir también del apartado sonoro? Pues de diez, sin ningún pero también. Hideo Kojima siempre ha sido muy detallista en este sentido y cada Metal Gear Solid nos ha regalado increíbles bandas sonoras acompañadas de canciones que ambientan los títulos a la perfección. The Phantom Pain es sobresaliente de nuevo, al igual que los anteriores Metal Gear, destacando sobre todo su banda sonora y el tema principal “The man who sold the World” del tristemente desaparecido David Bowie. Pero el tributo a Bowie -recordemos que el título fue lanzado antes de la muerte del cantante británico- no termina con esto, ya que Diamond Dogs -la unidad mercenaria protagonista del juego- es el título de un álbum y canción de Bowie también.

Por otro lado, el resto del tracklist es excelente, con muchísimos temas de los ochenta -época en la que está ambientado The Phantom Pain-. El doblaje, aún en inglés, es digno de una producción cinematográfica, en este caso -y con razón- se ha prescindido de la voz de David Hayter a favor de la del actor Kiefer Sutherland, pero tampoco esperéis que “Big Boss” hable demasiado, en esta entrega está bastante más callado, llevándose el protagonismo Ocelot, doblado por Troy Baker. Por suerte, el título se encuentra subtitulado al castellano, sin embargo, en determinadas ocasiones -sobre todo cuando escuchamos los cassettes- nos será complicado atender a lo que ocurre en pantalla y leer los subtítulos a la misma vez.

La jugabilidad es uno de los puntos claroscuros de The Phantom Pain, así como el apartado técnico y sonoro brillan con luz propia, este apartado se torna tan turbio que termina por tirar por tierra un legado de casi 30 años. Empezaremos con lo bueno; por un lado tenemos una jugabilidad intuitiva y completa, con el mejor control de la saga hasta la fecha -y ojalá que se quede aquí ya que MGS no necesita más títulos, al menos no así-. Este sistema es el mismo que vimos ya en Ground Zeroes, únicamente con más posibilidades de personalización y elección, así como un mundo considerablemente más grande, aunque no abierto al cien por cien como se pensaba en un inicio.

Los Metal Gear siempre han sido juegos lineales, con camino marcado aunque con cierta libertad de movimiento a lo largo y ancho de dicho camino, es decir, como todos recordaremos, en Metal Gear Solid teníamos que ir y volver a determinados lugares para avanzar en la trama, lo mismo ocurría en las sucesivas entregas, y considero que es un sistema de juego que le viene que ni pintado a la saga. Aquí todo esto se olvida y se opta por un nuevo sistema, en el que nos podemos mover libremente por un gran mapa vacío y cerrado en el que hay pocas bases o puestos de control genéricos.

Por otro lado, se ha olvidado en gran parte el aspecto de sigilo del juego, es cierto que existe una infiltración total si queremos jugar así, pero también el título, en muchas ocasiones, nos invita a la acción pura y dura. Esto último es un arma de doble filo, pero otorga cierta libertad al jugador con la posibilidad de prostituir uno de los rasgos esenciales de la saga.

Un punto importante será también la gestión de la Mother Base, que vuelve a la saga tras Peace Walker, aunque de un modo muchísimo más elaborado e interesante. Será necesario, durante la aventura, volver en varias ocasiones a la base, ya que en ella transcurren gran parte de los acontecimientos del título, además, al igual que en Peace Walker, podremos mejorarla y gestionar el personal en la misma.

Pero ¿entonces dónde está el problema de The Phantom Pain? pues en su sistema de misiones, las cuales alargan el juego absurdamente con el único fin de que la gente diga: “qué juego más largo, vale los 70 euros”, que parece que es lo que está de moda. Para avanzar en la trama, y sobre todo para ver el final de verdad, será necesario hacer una enorme cantidad de misiones secundarias repetitivas tales como: eliminar a una unidad de soldados, eliminar o extraer una unidad blindada, recuperar soldados capturados o que han desertado, capturar animales… dicho así lo mismo suena interesante, pero cuando tienes que hacer diez misiones iguales por cada tipo de ellas, para avanzar en la trama, resulta absurdo y tedioso a partes iguales. Además, se ha incluido un sistema de crafteo -que tan de moda está últimamente también- que flaco favor le hace a la experiencia de juego, ya que más bien pareceremos un agricultor que un comando.

Por último, se han includo compañeros durante las misiones, uno de los aspectos más acertados del título. El uso de estos compañeros es opcional, pero viene muy bien usarlos en combate, puesto que cada uno de ellos nos ayudará de diferentes maneras, a pesar del gran desequilibrio que hay entre ellos, puesto que únicamente destacan Quiet y D-Dog.

La historia, que suele ser uno de los pilares de la saga, queda relegada a un tercer plano en The Phantom Pain, y sí, no me he equivocado, un tercer plano puesto que en este título se le otorga más importancia a la jugabilidad y el apartado técnico que al resto de ellos. The Phantom Pain parece comenzar bien, de hecho su inicio es prometedor, hasta que terminamos el prólogo… la saga siempre se ha caracterizado por incluir elementos, digamos, fantasiosos que le sentaban de maravilla y no desentonaban en ningún momento, pero en The Phantom Pain, sinceramente, se les ha ido al cabeza con esto y el juego resulta más un circo que una historia seria en muchos momentos.

Pero los problemas al respecto no terminan, por desgracia, únicamente con eso. La historia resulta, a todas luces, insípida e impersonal, en parte por el sistema de misiones, en parte por una trama confusa, dejada de lado y mal hilada. Únicamente en el último tramo la historia gana algunos enteros, pero no terminan por salvar un título repetitivo y que queda lejos de ser un Metal Gear Solid al uso. Para avanzar en la misma, como ya he comentado, es necesario completar una serie de misiones secundarias, sobre todo si queremos ver el final “de verdad”. Un apunte interesante e importante sobre The Phantom Pain es que, para comprenderlo -o intentarlo, es necesario haber jugado, como mínimo, a Metal Gear Solid 3: Snake Eater y, sobre todo, Metal Gear Solid: Peace Walker, de lo contrario, la historia nos parecerá, si cabe, más complicada y caótica.

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En definitiva, vemos que Metal Gear Solid V: The Phantom Pain ha supuesto el definitivo desligue de la saga con los orígenes y el espíritu de la misma. El nuevo concepto -y espero el último- puede gustar a las nuevas generaciones o a nuevos fanes de la saga pero, sin embargo, no creo que guste a todos los puristas por igual. Considero un título completamente a evitar para los seguidores de la saga, Metal Gear Solid se acabó con Guns of the Patriots, por más que nos pese.

NOTA: 4-6/10

Si se es seguidor de la saga – 4
Si no se es seguidor de la saga – 6

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